Llueve

Hoy llueve. Hoy llueve y lo hace a pedazos. En realidad, lo hace a pequeños pedacitos que se van esparciendo por todos los rincones donde se han vivido momentos inolvidables. Cada vez que llueve las personas se dividen en dos grupos. Hay quiénes prefieren el riesgo y les gusta salir y bailar bajo la lluvia, sin importar lo empapados que quedaran. Otros, prefieren quedarse en sus refugios mirando la lluvia a través de un cristal que les proteja de cualquier rayo que pueda caer. Siempre acompañados de una taza de café y una buena manta que les aleje del frío que se siente al dejar ir esos pedazos. Porque éstos, no están formados solamente de agua. No son simples gotas que se precipitan después de seguir su ciclo. Son perlas recubiertas de reflejos de uno mismo, de cada uno de nosotros.

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A veces no sabemos el porqué de la lluvia y otras tenemos claro que hacía días que necesitaba que llegase la tormenta. Pero, aunque la estuviéramos esperando nunca sabes cómo va a acabar.

Cuando las gotas caen no son todas iguales. La gente que elige salir siente el agua en su piel e instintivamente se llenan de energía transparente. Ellos mismos sienten el poder de llegar a su yo más profundo y de saber lo que realmente quieren. Luego están los que lo ven todo a distancia desde su lugar favorito. Y eso no es malo, son precavidos, adoran la tranquilidad e intentan llegar a su interior a través de su calma. Esperan el sol, pero sienten igual la lluvia. Lo hacen a través de sus pensamientos, sienten cada gota que cae y se ponen en su lugar. Y es así como cada uno, a su manera, puede afrontar esos momentos a solas con su alma. La lluvia lo sabe y por eso aparece cuando más lo necesitamos, a veces lo hace desde el cielo y otras, desde nuestros ojos, pero sigue siendo lluvia.

Y hay muchos tipos de lluvia. Tempestad, llovizna, chubascos, incluso tormentas eléctricas. Y hoy, llueve. Llueve fuerte, tanto dentro como fuera, pero reconforta saber que, seguramente sabía que tenía que llover mucho antes que cualquiera de nosotros. Nuestro cuerpo se prepara y muchas veces lo intenta evitar, pero no dejar que la lluvia caiga sería un grave error. Hay que dejar que el dolor, la nostalgia y las dificultades se asimilen, se acepten y luego, dejarlas ir sabiendo que formarán parte de nosotros.

Y si algo tenemos claro, si de algo estamos convencidos es que la naturaleza es lo suficientemente sabia como para saber cuándo debe llover y cuándo debe volver a salir el sol. 

Siempre hay esperanza, porque hoy, es otoño y la primavera está más cerca que ayer.

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